lunes, 26 de diciembre de 2016

Feliz Navidad 2016 y Año Nuevo 2017



Estas Navidades son especiales para mí y llenas de sentimientos muy fuertes. Aún recuerdo con nitidez mis primeros regalos del Niño Jesús, en realidad los recuerdo con detalle a todos los que he recibido en estas fechas, en especial un pupitre con pizarra incorporada que me encantó y una Barbie. Y distingo cuáles han sido los más importantes de todos.
También recuerdo una infinidad de detalles de nuestras costumbres familiares, que cambiaban en algunas cosas a modo de fluir con las modas. Cuando vivamos en la quinta Nancy de La California Norte, en Caracas, mis hermanas y yo montábamos el arbolito natural y tradicional que papi compraba en el CADA, el que estaba al borde de la Av. Francisco de Miranda. Ese olor maravilloso a pino y que impregnaba toda la casa  todavía está en mi memoria y su imagen colorida y con gran cantidad de obsequios al pie, para todos y cada uno de los integrantes de la familia. Un par de años lo decoramos con una “nieve” de vidrio molido. Qué cosa tan loca, las manos nos picaban muchísimo, hasta que eso fue suprimido. Otra vez hicimos una rama envuelta en jabón azul batido para que semejara estar cubierto de nieve y le pusimos las bolitas de colores y lucecitas, pero qué cosa más fea. La cena de Navidad y Año Nuevo siempre estuvo basada en las hallacas, el pavo, la ensalada de gallina, el pernil, pan de jamón, la torta de navidad, el dulce de lechosa y el cabello de ángel. Hubo años en los que se introdujeron algunos cambios como las lentejas y el lechón, pero fueron suprimidos por decisión unánime. Todo el menú estaba acompañado por los aguinaldos tradicionales y las gaitas maracaiberas, y en fin de año, no faltaban las doce uvas y champaña. “La percha” era un asunto importante entre mi mamá y nosotras las hermanas, así como no tener los colores repetidos, de modo tal que a mediados de noviembre, cada quien escogía su color y hasta de traje largo nos vestíamos Era un juego bonito. Y los caballeros siempre con flux y corbata. Formalidades con las que éramos muy felices.
A través de los años hubo cambios; el peor de todos fue que faltaran Mama Tula, nuestra abuelita y mi papá. La tristeza comenzó a auto invitarse a nuestras navidades, con cada partida de un familiar. Este año también ha tratado de colarse con otras pérdidas y con los terribles cambios de nuestra amada Venezuela y porque estamos dispersos en diferentes países, pero le aclaré que nunca ha sido bien recibida ni lo será.
Los niños y los jóvenes merecen vivir hermosas Navidades y recibir los regalos más importantes de todos: el Amor, la Fe, la Esperanza y la Alegría. Mis padres nos los otorgaron a diario y en todas y cada una de las navidades que estuvimos juntos. Merecen el honor de que transmitamos su legado, por eso sé con firmeza que esta es una muy Feliz Navidad y el Año Nuevo 2017 será pleno de Prosperidad.

¡Y así sea siempre!

3 comentarios:

Especialización Gestión Sociocultural USB dijo...

Hermosa reflexión querida hermana.

Nancy dijo...

Ohhhh hermana cuántos recuerdos. Nos acostumbramos a la protección de los padres,pero es verdad, la vida continua aunque ellos no estén. Muy duro, pero es necesario continuar. Dios te bendiga.

Maturen Miguelangel dijo...

Lindos recuerdos con los cuales nos alimentamos y de los cuales encontramos fuerza para VIVIR, un gran beso querida esposa.