Espacio para la escritura creativa, la que defiende y busca conscientemente valores estéticos en el uso del lenguaje, independientemente del género en el cual se enmarque. Espacio destinado a la difusión de la correcta escritura del idioma español.
domingo, 30 de octubre de 2016
Venezuela Libre
Con lágrimas bordadas a punto de cruz en mi alma, recuerdo y añoro a mi país, áquel previo a todos estos horrores que sufre mi pueblo en pleno siglo XXI, producidos por terribles personajes, ante los que palidecen los típicos de las fiestas de Halloween.
miércoles, 15 de junio de 2016
Aniela Buda por Olga Fuchs (Primer y último capítulo)
Título original: ANIELA BUDA
Copyright ©Olga Fuchs
Reservados
todos los derechos. Queda rigorosamente prohibida la reproducción total o
parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la
reprografía y el tratamiento informático, la distribución de ejemplares
mediante alquiler o préstamos públicos, sin la autorización escrita del
“Copyright”, y según las sanciones establecidas en las leyes.
“Arroyos irracionales de sangre manchan la tierra…”.
William Butler Yeats.
A los polacos que han padecido tanto
A los alemanes que han padecido tanto
A Egon Daron Buda
A Annita Ferrareis de Daron
A la familia Daron Buda
A la familia Daron Ferrareis e hijos
A mi familia
A los venezolanos que no imaginaron que iban a padecer tanto
A las nuevas generaciones, para que impidan nuevos Holocaustos
Y a todo aquel que defienda la vida
y la civilización occidental.
PRIMER CAPÍTULO
La Decisión.
Observo a mis
nietos jugar en el luminoso jardín y me enternece esa imagen. Sé que pronto
moriré y que debo poner por escrito el relato de mi peregrinación, y la
narración del día en que los comunistas me despojaron de todos mis bienes, de
mis alegrías, de mi amor, de mi Polska.
He postergado la
escritura de esas memorias, pero debo hacerlo, por ellos y por mis hijos. Mi
vida no habrá de terminar en un silencio de miedo. Ya me he curado del temor,
hasta del temor a morir. Ya espero la muerte con tranquilidad, aunque el tiempo
no me ha perdonado y me atiza una edad avanzada con fatigas dolorosas, debo
sobreponerme en este capítulo final, pues los niños habrán de saber que la vida
me ha agasajado y me ha obsequiado dádivas maravillosas, pero también me ha
castigado con severidad.
Así, he llegado a
sentir la muerte como una liberación, a los
combates e intrigas en los que nos sumerge la vida. Es posible, sí.
Mi lucha ha sido
fuerte y no sé porqué me vi obligada a
librarla. Sólo sé que no pude evitarla y que por mis amores debí
afrontarla.
Frente a la trenza
de recuerdos alegres y tristes, hice todo lo posible por escapar de los
horrores, aunque el enemigo me alcanzara, repetidas veces. Ahora sé que en ese
entretejido estamos amarrados a nuestros enemigos y que ellos tampoco pueden
escapar de nosotros.
A menos que en
nuestro camino nos acompañe la poesía.
ÚLTIMO CAPÍTULO
Anioł niezrównane piękno.
En el pasillo hacia la habitación de mamá encontré a Lourdes, la enfermera
que la cuidaba durante la noche, y que se disponía a hacer el cambio de turno
con Esther, quien la atendía por las mañanas. Nos saludamos y me dio el reporte
de atención médica. Asentí sin decir palabras y la señora se despidió con
cortesía. Abrí la puerta con cuidado y entré a la habitación muy temprano en la
mañana; era el tres de junio de mil novecientos setenta y siete.
Mamá estaba de pie, veía a través del cristal del ventanal el jardín húmedo
por el rocío. Apoyaba su mano derecha en una esquina del pequeño escritorio que
Anna había dispuesto para ella a principios de año. Parecía esperar algo o a
alguien. Toqué la puerta con los nudillos para no sobresaltarla y advertirle de
mi presencia. Volteó hacia mí y me saludó:
—Hola Egon. Es un hermoso y tranquilo amanecer. ¿Ya tomaste café?
—Hola mamá. No he tomado café todavía, quise saludarte antes. Pero ya le
pedí a Coromoto que lo trajera junto a unos scons
salados, bizcochuelos y mermelada de durazno. ¡El desayuno favorito de su
señoría!
— ¡Oh Egon! Me mimas demasiado.
—No lo considero así. Tú has hecho por mí y por todos tus hijos tales
esfuerzos que este desayuno o mil quinientos millones de desayunos, serían poco
para compensar tanto esmero de madre. Y ¿Por qué estás levantada? ¿Qué miras
por la ventana? ¿No te sentías muy cansada ayer por la tarde?
—Sí, efectivamente, me sentí muy cansada y hoy también me siento agotada.
Pero, quise incorporarme, siento una prisa que antagoniza con mi viejo cuerpo y
también tengo cierto apremio por decirte algo y he estado ordenando mis
pensamientos. De hecho, he estado escribiendo desde meses atrás.
En ese momento, entró Coromoto con el desayuno para mamá, la cafetera, la
cremera, la azucarera y dos tazas de porcelana. Colocó todo sobre la mesa de
madera cubierta con un mantel de encajes y dispuso el servicio.
—Muchas gracias, tú eres muy amable Coromoto —. Comentó mamá.
—Es una alegría servirle doña Aniela. Disfrute su desayuno. Y usted señor Egon
¿Desea alguna otra cosa?
—No, muchas gracias, sólo tomaré el café, luego iré con Anna y los niños;
están dormidos todavía porque anoche estuvieron hasta muy tarde con el tío
Witold.
—Muy bien, estoy a sus órdenes —. Y salió de la habitación.
—Mamá, y ¿Qué me quieres decir?
—Debo entregarte una carta muy vieja, aunque no tan vieja como yo —. Bromeó
y su rostro se iluminó con una sonrisa cómplice y continuó ─. Un escrito, unos
cuantos documentos, fotografías y, sobretodo, recuerdos —. La ayudé a sentarse
a la mesa y ella se movió con lentitud. Comencé a sentirme curioso y más
curioso todavía por la gran coincidencia entre estas palabras de mamá y la
reciente aparición de Krzystof en nuestras vidas.
Ella comenzó a comer y no quise interrumpirla. Alcé la mirada hasta la
cómoda y noté que había nuevas fotografías sobre ese mueble, apoyadas en las
numerosas botellas de perfumes. Desde allí me miraban muchos rostros
desconocidos, pero comprendí que tenían
mucho que ver conmigo y nuestra familia. Algunos eran rostros juveniles, otros
severos y distantes, como la de una dama que vestía una blusa oscura con un
camafeo ajustado a su cuello y quien miraba fijamente a la cámara con una
actitud desafiante como si dijera: “Yo soy invencible”.
Mamá siguió mis ojos y me dijo: —Esas son fotos que no habías visto. Las he
tenido guardadas durante muchos años y las coloqué allí anteayer. Se han
preservado a través del tiempo. Han resistido gases mortíferos, lluvia, sol,
miedo, lodo y hasta salitre. Se han aferrado a estar presentes, viajan del
pasado al presente con cada mirada que les otorgamos. No aceptan el olvido. Sí,
ya me imagino que tienes muchas preguntas: ¿Quiénes son? ¿En qué lugar tomaron
esas fotos? Todas esas preguntas las respondí por escrito; pero antes de continuar,
tomemos más café —.
Guardamos silencio y con tranquilidad apreciamos la bebida caliente y
aromática. Un placer matutino. Una costumbre que adquirí en el trópico, así
como degustar chocolate. Dos delicias que conocí al llegar a Venezuela.
—Un bolso pequeño de cuero curtido me ha acompañado desde mil novecientos
treinta y nueve. Muy ajustado a mi cuerpo y debajo de mis ropas en las
terribles travesías de escape a través de muchos caminos peligrosos. Me ha
servido para guardar la carta, los documentos y las fotografías que te mencioné
─. Interrumpió el silencio con aquella declaración —. Un bolso que se convirtió
en una segunda piel; una piel protectora de recuerdos, de derechos sobre
propiedades, de gritos ahogados por miedo. Un bolso que he decidido abrir para
mostrar su contenido. Hijo mío, durante muchos años he mantenido silencio, un
férreo silencio acerca de los años que vivimos en Europa, durante la época de
guerra. ¡Ah caramba! ¡La época de la guerra! En medio de una guerra se conoce quién
es quién —. Continué escuchándola sin intención de interrumpirle ─. Existen
personas que aprenden, erróneamente, que sólo pueden confiar en el sufrimiento,
en la pobreza y otros creen que se lo merecen todo, por encima de todos. Y en
medio de la guerra salen a flote todos los “verdaderos yo”. Y puedes
sorprenderte con los cambios que sufren las personas, a veces insospechados. A
quien creías fiel, es capaz de canjear tu vida por una taza de harina. A quien
creías valiente y resuelto, lo ves llorar y temblar antes que los niños. A
quien creías incapaz de matar, lo ves asesinar sin necesidad de hacerlo. O
presencias violaciones a jovencitas, incluso ya estando muertas. Esas vivencias
e imágenes tan terribles se tornan rutinarias en medio de la guerra. Es espantoso
cómo las personas se acostumbran a ese trastrocamiento de los roles, de las
normas, y esa aceptación de la pobreza extrema, del sufrir sin límites. Nunca
creí ser testigo de la prepotencia que otorga un fusil para disponer de las
vidas y actuar abusivamente, escudándose en un simple “seguir órdenes”. He
sentido una inmensa desesperación y profundas angustias para protegerte y para
proteger a tus hermanos. Ha sido mi deber de madre y lo he cumplido. Sin
embargo, en algún momento estamos obligados a abandonar al mundo. Debemos
partir —. Tomó aire, guardó silencio por un momento y exploró en su memoria —.
Tengo nostalgia de Kamin. De la Kamin en la que formé a mi familia, en la que
construí tantos sueños junto a tu padre y junto a mis padres. Recorro con mi mente
todos los lagos y los ríos en los que me sumergí y jugué con mis hermanos.
Tantas alegrías e ilusiones que compartíamos. No imaginábamos que todo ese
mundo tan apacible y armonioso, iba a ser destrozado por completo. La guerra es
un infierno incomprensible. Sólo puedo entenderla como un lazo invisible que
nos une a nuestros enemigos y el que impide escape alguno, de ellos o de
nosotros.
Mamá se reclinó en la silla y respiró profundamente. Cerró los ojos.
—Llévame hacia la cama —. Me pidió —. Estoy desvaneciéndome —. De inmediato y
con mucho cuidado la conduje a su cama. Le acomodé los almohadones alrededor de
la cabeza y la cubrí con las mantas más gruesas, pues la sentí muy fría.
—Descansa mamá, te traeré un vaso con agua y algo de azúcar. ¿Te apetece?
—Sí, pero antes debo darte el bolso, Busca en la segunda gaveta de la
cómoda, debajo de los mantelitos de lino. Ahí está, y dentro, está mi legado.
Caminé hasta la cómoda y encontré el bolso. Lo abrí y le dije:
—Muy bien mamá. Veo que se trata de algo muy importante para toda la
familia. De momento lo dejaré guardado en ese mismo lugar. Regresé hacia ella,
le tomé las frías manos y la besé en la mejilla. Sonrió y bromeó: ─ Busca el
vaso con agua, o quizás sea mejor, un vaso con Whiskey, agua y hielo—.
—Natychmiast piękne matki (De
inmediato bella madre).
Bajé a la cocina. Anna, los niños y Witold ya estaban allí dispuestos a
desayunar.
—Buenos días a todos —. Saludé y abracé fuertemente uno a uno y con mucho
afecto. Quise contener en ese abrazo un llanto pronunciado. Sentía mucho dolor
por la inminente partida de mi madre. Quizás con ese abrazo pretendí sostener a
la familia unida, a la familia en tiempo presente para siempre e impedir que
cualquier horror, como lo era la guerra, nos tocara de nuevo. Anna se percató
de mi sentir y me preguntó sobre mamá.
—Está un poco cansada, pero bien. Ha tomado su desayuno sentada a la mesa y
luego se recostó de nuevo en la cama —. No añadí más para no alterar a los niños
y mostré una sonrisa quieta —. Coromoto ¿Me trae café? Ah, y leche, por favor.
—Por supuesto señor Egon —.
—Muchas gracias Coromoto, y en cuanto pueda acompañe a mamá hasta que
Esther llegue, por favor —.
—De inmediato, no se preocupe, y ella no debe tardar en venir.
—Eduardo llamó hace poco y dijo que está por llegar y el chofer también
llamó. Ya está en camino junto a Eugenia, cree que después de mediodía estarán
aquí —. Comentó Anna —. Debo llevar a los niños al colegio y luego regresaré a
casa —. La señora Esther, la enfermera del turno de día, vendrá en media hora.
—Muy bien Anna, a tu regreso iré a la oficina y en la tarde nos reuniremos
todos de nuevo. No vendré para el almuerzo. Anna no respondió, sólo asentó
comprendiéndome. Ella tiene ese sentido del tacto con el que se intuye cuáles
son las aristas íntimas del alma a las que es mejor no acercarse, por amor y
por respeto. Dice que todos tenemos
secretos y que es justo respetarlos.
Anna es mi compañera perfecta. Junto a ella renazco. Es una mujer vital y
precisa que se centra en lo fundamental en la vida, con la misma intensidad con
que enfrenta los detalles del diario acontecer. Gestiona desde el detalle más
pequeño hasta el más importante de nuestro hogar y de nuestras empresas. Anna
es fantástica.
Dirán que la veo con ojos de enamorado, y es cierto. El estar enamorados es
algo subjetivo, pero de forma objetiva, también amo a mi Anna. Es maravillosa.
Junto a ella todo el lado oscuro de las personas es superado,todo es posible,
no existe empresa imposible. Es sorprendente, se desempeña con soltura en la
preparación de exquisitos platillos, pasando por la atención a los hijos,
coordinación de nuestras empresas, organización de bodas y fiestas fastuosas
hasta la construcción de iglesias. Doy gracias a Dios por haber encontrado a
Anna, mi compañera y socia de vida. Me ha dado comprensión y la mayor de las
alegrías: nuestros hijos Erik, Fabio y Daniela. Anna es de una materia
resistente y suave a la vez. Es tenaz y comprensiva. Ah, no se rían, no soy
sólo un enamorado más. Ella es ciertamente magnífica.
—Anna Giovanna —. Dije en voz alta sin percatarme de lo que hacía.
— ¿Cómo? ─. Preguntó Witold.
— ¡Ah sí! —. Desperté de mi ensoñación. Estaba pensando en Anna y continué:
— ¿Sabes que ya ha sido concluida la construcción de la Iglesia de Santa
Ana de La Lagunita? Ha sido una obra dirigida por ella y ha logrado
íntegramente la recolección de los fondos necesarios para concretar el
proyecto. Es un edificio religioso perteneciente a la iglesia católica romana localizado
en este sector de La Lagunita, del llamado Municipio El Hatillo. Forma parte de
la ruta de algunos fieles católicos de la ciudad de Caracas, que la utilizan en
la peregrinación conocida como Ruta de los Siete Templos. Se ha convertido en
una iglesia popular entre las parejas para celebrar matrimonios o compromisos
debido a la vistosidad de su arquitectura y el entorno verde del sector. La
ceremonia de consagración por parte del Obispado se realizó el mes de febrero
pasado. Fue una lástima que no hayas podido asistir.
—Así es, pero fue una estupenda noticia. Esta es una zona del sureste de la
ciudad de Caracas ¿No es así? —. Preguntó Witold de forma distraída.
—Sí, efectivamente—. Respondí y en ese momento se presentó Esther, la
enfermera.
—Buenos días. Ya me dispongo a asumir la guardia diurna señor Egon. Buenos
días señor Witold. ¿Cómo se encuentran?
Ambos hermanos guardamos silencio. Sólo respondimos con un gesto cordial y
respetuoso. La mujer entendió y se dispuso a ir a la habitación de mamá.
—Yo estaré aquí atento a la llegada de Eduardo y Eugenia, acompañaré a mamá
todo el día. Subiré a su habitación ─. Añadió Witold.
Miré a mi hermano con agradecimiento y nos despedimos. Me recliné
lentamente sobre la silla. Miré hacia la fuente del jardín a través de la
ventana, y vi el movimiento repetitivo del agua; ese ir y venir me pareció un
remedo de la rueda del tiempo. Sí, porque el tiempo se asemeja a una gigantesca
e interminable noria, y de la que no podemos escapar, así como pareciera que no
podemos escapar de nuestros enemigos, como decía mamá con cierta frecuencia.
Con un respiro hondo, me encaminé a atender los asuntos de trabajo. Hice
llamadas, respondí notas de correspondencia, revisé presupuestos y el
movimiento de facturación del mes. Cumplí con mis deberes de forma automática.
Mi mente flotaba más allá de mí, alrededor de dudas existenciales: La razón
de la vida, la razón de la muerte… ¡Cuánto me gustaría poder llevar aquello a
una fórmula matemática simple! Al lenguaje en el que me desenvuelvo con mayor
soltura: El lenguaje numérico.
En medio de esas reflexiones me llamaron por teléfono para anunciarme que
mis hermanos Eduardo y Eugenia ya se encontraban en casa. Me apresuré a
organizar mi agenda y mis papeles, di las instrucciones para el resto de la
semana, y llamé a Anna para avisarle de mi regreso a casa.
Mis sentimientos eran una mezcla de alegría y tristeza. Alegría por tener a
la familia reunida en torno a mamá, y de tristeza, por ser aquella, una reunión
de despedida.
Ya atardecía y en la casa todo estaba en perfecto orden. Las cortinas, los
muebles, las flores, los cuadros y las alfombras fluían en armonía de colores.
La vajilla y la cristalería habían sido dispuestas sobre la mesa del comedor a
la espera de la hora de la cena. Me dirigí hacia la terraza donde me esperaban
Anna y mis hermanos, que ya habían visto a mamá. Conversamos cordialmente.
Expresamos el gran cariño que nos une y Eduardo le preguntó a Eugenia sobre el
convento. Ella le respondió: ─ Allá el tiempo nos ignora. Flotamos de las
oraciones de la madrugada, que llamamos maitines hasta el crepúsculo sin
sobresaltos ni apetencias. La hiedra que escala los muros penetra nuestras
conciencias y puedes sentir el moho del tedio en tu cerebro ─. Respiró
profundamente y continuó ─. Pero el recuerdo de mis seres queridos me mantiene,
la fe en Dios y La Virgen me sostiene. Hemos de emerger a otra vida con alegría
y entereza.
—Te quiero mucho Eugenia —. Dijo Witold.
En medio de ese fraternal intercambio mi atención se desvió hacia la brisa
que agitaba los bambús del jardín, las risas de los niños, el verdor de los
árboles de mango, los parloteos de las guacamayas y los lejanos ladridos de los
perros del vecino.
Creo que comprendimos que el tiempo particular que había hilado nuestras
vidas distanciaba sus puntadas y el hilo que nos unía a mamá estaba por
romperse. Sentí una gran impotencia, pero no lo expresé. ¿Para qué hacerlo?
¿Para qué llorar?
Pasamos al comedor y cenamos casi en silencio. Miré los ojos grises de
Eugenia. No teníamos nada más que decir.
En ese momento, escuché que Anna recibía al sacerdote. Los saludos llenos
de cordialidad y cortesía no cubrían del todo la pesadumbre que significaba
aquella visita. Necesaria sí, pero determinante. Salí al recibidor y di la
bienvenida al clérigo, quien fue conducido por Anna y Eugenia a los altos de la
casa, hacia la habitación de mamá.
Me quedé junto a Eduardo y Witold, los niños continuaban distraídos con sus
juegos. Aún no caía la noche por completo.
Mis pensamientos me arrastraron hacia lo más hondo de un silencio de despedidas
y de recapacitaciones.
Vivimos, construimos, destruimos nuestras vidas, las rehacemos,
reemprendemos proyectos para comprender que hagamos lo que hagamos va a haber
un final. Podemos contemplar todo lo que hemos hecho como un gran tapiz, lleno
de principio a fin de casualidades, de aciertos y de equivocaciones, de riesgos
asumidos y de cobardías; pero creo que sólo de lo que estemos orgullosos
debería estar lleno nuestro propio y particular tapiz.
Así construyó Aniela Buda, mi querida madre, su tapiz. Lo decoró con lo que
la hacía sentir orgullosa, como lo hacen las almas valerosas y auténticas.
Eugenia bajó a buscarnos: —Ya es la hora —. La seguimos escaleras arriba.
Dentro de la habitación rodeamos la cama de nuestra madre y ella nos miró uno a
uno. Nos pidió que nos acercáramos más para besarnos en la frente. Cada beso
más débil que el anterior, pero fueron los cuatro besos más dulces y tiernos
que pudo haber en ese incipiente amanecer.
Al incorporarnos la enfermera limpió la frente de mamá y le acomodó las
frazadas. Eugenia acercó una silla a la cama y le tomó las manos. Me retiré
hacia la puerta y dirigí mi mirada hacia la cómoda. Ya habría tiempo para los
escritos allí guardados.
Eduardo pronunció unas palabras: — Anioł
niezrównane piękno—. (Ángel de
belleza inigualable). Ella sonrió y cerró los ojos para siempre.
Miré el pequeño calendario que estaba sobre el escritorio. Era el cuatro de
junio de mil novecientos setenta y siete.
sábado, 11 de junio de 2016
Cervantes, cautivo de sí.
La cantidad de escritos sobre Miguel de Cervantes es
inmensa y de gran calidad. ¿Qué puedo yo añadir? No resulta sencillo. Sin
embargo, habré de intentarlo y habré de reflexionar sobre él y su obra, aunque
sea de un modo muy sumario.
Como
punto de partida reseñaré las circunstancias en las que nacieron los relatos
cervantinos.
Miguel
de Cervantes y Saavedra nació en Alcalá de Henares, el día 29 de septiembre de
1547. Se desempeñó como soldado, novelista, poeta y dramaturgo.
En la época en que vivió Cervantes, Felipe III fue
coronado tras la muerte de su padre Felipe II en 1598 y es importante este
aspecto para enfocar la realidad que le tocó vivir a nuestro homenajeado, pues
el hecho referente a la voluntad del monarca en cuanto a establecer acuerdos de
paz con los reinos vecinos proporcionó a España un período de paz, posiblemente
favoreció al inicio de la Edad de Oro, cuna del Quijote. Aquellos años de
tranquilidad han sido conocidos como Pax
Hispanica y es el período en que el Imperio Español comenzó a ostentar la
supremacía mundial, apoyada y aumentada gracias a la eficacia de sus ejércitos,
los terribles tercios y las inmensas riquezas que llegaban de las colonias en
América.
En medio de estas circunstancias, sale a la luz un
texto asombroso, el “Lazarillo de Tormes”, de autor desconocido, y que marca la
aparición de un nuevo género literario en el que imperan el naturalismo y la
sátira social. El “Lazarillo de Tormes” abre una compuerta a la corriente literaria
de notables obras maestras y sin cuya mirada centrada en el naturalismo no se
comprendería a Cervantes o a Quevedo. La picaresca planteaba buscar en la
realidad diaria sus lineamientos como modelo narrativo y esta es la razón por
la cual la universalizaron, situándola al margen del tiempo en concreto en que
apareció.
Por otra parte, toda la riqueza del Imperio Español se
capitalizaba en La Corte, y los jóvenes talentos que encendieron las luces del
Siglo de Oro, lo hicieron bajo la tutela de algunos miembros del séquito del
rey. El destino profesional de ellos no era muy variado, debían optar por la
carrera eclesiástica, las armas o el funcionariado. En su mayoría eran personas
cultas y universitarias, como Góngora, Ruiz de Alarcón, Mateo Alemán y Calderón
que asistieron a la Universidad de Salamanca. Para los que se decidían por la escritura,
la forma más fácil de asegurarse apoyo económico era acercarse a la nobleza y
logar el mecenazgo de algún cortesano; esto requería inversión de tiempo,
adulación y “servicios especiales” como los que proporcionaba Lope de Vega, no
precisamente de forma discreta, al duque de Sessa, como alcahuete aprovechando
sus conexiones con el teatro y en concreto con las actrices. Lope expresaba con
soltura esta situación: “Ingenio sin favor, aunque hable, es mudo”. En otras
palabras, crearse un perfil adecuado ante cada mecenazgo en la mira, y esto por
supuesto abona la mitomanía, a la que muchos de aquel entonces, se inmolan con
gusto.
En lo particular, después de superar su cautiverio
en Argel, estancia que marcará la naturaleza de su mirada y de su obra, Cervantes
se puso al amparo del duque de Béjar, a quien le dedicó la primera parte del
Quijote, y luego alcanzó el apoyo del primer ministro de Felipe III, Francisco
de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, quien gozaba de la total confianza del rey,
también absorbió algunas responsabilidades administrativas del reino, por las
cuales tuvo algunos otros problemillas y cayó de nuevo en prisión.
Y a partir de allí, para ganar indulgencias o apoyos,
y ahí va mi conjetura: construye un confinamiento a su ser como persona, lo que sabemos de él es porque así lo quiso, se coloca
detrás de su obra para, justamente, posicionarse como paradigma del hombre
actual.
De
esa forma, todos los datos
biográficos que conocemos figuran en sus obras o sus papeles, los escribe para
pedir algo, de modo que idealiza sus méritos y tiene a ocultar sus defectos.
Pero si hubiera sabido lo portentoso de su obra, es posible que no lo hubiera
hecho ¿O de todas formas sí? No lo sé, pero lo que sí sabemos es que Cervantes continua
adelante con el dibujo de sí mismo y juega con la realidad y la ficción en el
nuevo relato de las aventuras de don Quijote y Sancho Panza: ambos personajes
saben tanto de la existencia de la primera parte como de la continuación
apócrifa, y hasta hablan de lo que los lectores piensan del primero, que es
“loco, pero gracioso”, o “valiente, pero desgraciado”, o “cortés, pero
impertinente”; y algunos de los que se cruzan con ellos los reconocen por haber
leído el libro de sus correrías originales. Y lo destacable es que tanto el
hidalgo como el propio Cervantes, en un estado de gracia y clarividencia,
aseguran que la obra sería todo un clásico literario y que el caballero de la
triste figura sería inseparable de la imagen de la comarca manchega.
Para referirme al aspecto literario he de señalar que concuerdo
con la opinión de algunos escritores quienes se expresan sobre Cervantes como
aquel que tuvo el coraje de destruir al mito caballeresco intocable durante
mucho tiempo, y el literato que inicia la novela moderna, en la que reina la
polifonía y la contraposición de diferentes visiones del mundo encarnadas por
los personajes, lo que le confiere un realismo entonces sin parangón y se
constituye en una extraordinaria sátira de la sociedad de aquel entonces; de
ahí que acepto que Cervantes es indiscutiblemente original al superponer las
cosmovisiones y los puntos de vista hasta confundirlos en complejidad con la
misma realidad, recurriendo incluso a juegos meta ficcionales. Todo ello lo
podemos apreciar al leer sus Novelas Ejemplares y al “Don Quijote de La
Mancha”, obras en las que demuestra la amplitud de miras de su espíritu y su
deseo de experimentar con las estructuras narrativas. En esa colección de
novelas experimenta con la novela bizantina (La española inglesa), la novela
policíaca o criminal (La fuerza de la sangre, El celoso extremeño), el diálogo
lucianesco (El coloquio de los perros), la miscelánea de sentencias y donaires
(El licenciado Vidriera), la novela picaresca (Rinconete y Cortadillo) y la
narración constituida sobre una anagnórisis (La gitanilla).
Su obra tan elocuente y precisa, tan esclarecedora del
sentir propio de los humanos, contrasta con lo velado de su propio rostro, tal
como nos lo hace comprender el profesor José Manuel Lucía Megías: “¿Cuál es el
verdadero retrato de Cervantes? Cada época irá construyendo el suyo… ¿Acaso no sería
posible encontrar el verdadero retrato de Miguel de Cervantes en los rostros
que lo han ido encarnando en el cine desde principios del siglo XX hasta
nuestros días?” Asimismo, Lucía Megías nos plantea en la exposición “Cervantes,
el hombre detrás del mito” de la que es el inteligente y preciso curador, a un “Cervantes persona”, un
“Cervantes personaje”, y un “Cervantes mito” que se ha ido construyendo a lo
largo de los siglos. Una investigación exhaustiva de las celebraciones de
Cervantes como escritor y como modelo de escritores y de civilidad. Y es allí
donde me asalta la idea de la intencionalidad cierta de Cervantes por edificar
su propio mito. De la misma manera en que el hidalgo manchego Alonso de Quijano
se arroja al camino a lomos de Rocinante convertido en Don Quijote, el
caballero andante, en pos de un ideal. Todo lo cual lo celebro grandemente,
pues hoy por hoy, el mundo necesita de civilidad más que nunca.
Ahora bien, y ya para ubicar mi escrito en el presente debo considerar que los lectores del siglo XXI hemos adquirido unas
costumbres muy distintas a los lectores de tiempos pasados y estamos ya
habituados a asistir a los diversos modos de un relato ecléctico, donde puede
fundirse el cine, el arte, la música, la fotografía, el vídeo, el Internet, los
periódicos, las revistas o las páginas web en un solo día, y que aceptamos que
un relato puede amalgamar todas estas experiencias como un fenómeno cotidiano. Y
esas costumbres nos dotan de una plenitud ante la que ya no es importante cuál
sea el retrato verídico de Cervantes, sino la potencia de su pensamiento, el
que me atrevo a aseverar de nuevo, se enfocó en hacer de sí mismo un personaje,
y no solo por obtener gracias y beneficios, con la adecuación de su curriculum vitae, sino por el gusto de
traspasar a esa otra dimensión que es la del personaje literario.
Esta aseveración también se me presentó como muy posible al
apreciar el material dela mencionada exposición “Cervantes, el hombre detrás
del mito” que se ha mostrado hasta el 29 de mayo de 2016 en la Biblioteca
Nacional de España, para conmemorar los 400 años de la fecha de su muerte, 22
de abril de 1616 en Madrid; una recopilación completísima de manuscritos del
genio y en donde el Cervantes incluso cobró vida, y recibió a los espectadores
de viva voz, gracias a la tecnología audiovisual y hasta interpeló a los asistentes con sus sentencias
de actualidad inagotable. En la muestra pude apreciar los pliegos originales y
cómo Miguel de Cervantes y Saavedra dibujó letra a letra para con ellas bordar
las palabras de cada manuscrito, cuales mantos que lo arroparían en el
firmamento de los grandes mitos clásicos y entre los que viviría atrapado en la
estrella Cervantes Q Arae, a 49,8 años luz del planeta Tierra, ya para siempre.
Sí, cuatrocientos años ha, pero Cervantes como si nada,
él va a continuar sobreviviendo a los devenires narrativos y artísticos
justamente por la capacidad de asimilación de sus escritos a todas estas formas
de ver, a toda esta multiplicidad de miradas y porque se puede abrir a estados
de conciencia un poco más allá de las convenciones del verismo o el realismo;
se renueva y se actualiza este escritor en ciclos de una constante
contemporaneidad, justo porque que dio los primeros pasos firmes para superar los
límites entre vida y muerte, entre sueño y vigilia, entre realidad y fantasía,
por todos los medios posibles.
Miguel de Cervantes, cautivo de si, por decisión propia.
Referencias
bibliográficas
Fernández de Navarrete, Martín (1.819): Vida de Miguel de Cervantes Saavedra,
Madrid, Real Academia Española.
Lucía M., José M., La
juventud de Cervantes, una vida en construcción, EDAF, Madrid, 2016.
Iglesias, María del Carmen (2005): El mundo que vivió Cervantes, Madrid, Sociedad Estatal de
Conmemoraciones Culturales.
Referencia
de las imágenes
Retrato de Cervantes atribuido a Juan de Jáuregui.
Ilustración de Cervantes por Olga Fuchs.
Recursos
electrónicos
miércoles, 13 de enero de 2016
La variable efectividad y la constante tragedia de las protestas de calle.
A la memoria de Bassil Da Costa
“El
año que Racing salió campeón” es la obra dramatúrgica que obtuvo la primera
mención honorífica del II Concurso Internacional de Escritura Creativa, su
autor es Carlos Alfredo Müller de nacionalidad argentina y tiene como marco
referencial el triunfo del Racing Club, conocido también
como «Racing Club de Avellaneda» o simplemente «Racing», que es una
institución deportiva de Argentina fundada el 25 de marzo de 1903 en la ciudad
de Avellaneda en el gran Buenos Aires.
“El
año que Racing salió campeón” (entendemos ya, del fútbol
argentino) nos mueve a la reflexión acerca de la variable
efectividad y la constante tragedia de las protestas de calle.
Sucede
que la acción de la obra transcurre en Buenos Aires durante la víspera de los
acontecimientos conocidos como el “Argentinazo”, protesta popular que aconteció en el marco de una crisis
humanitaria, de representatividad social y económica, desencadenada por la
restricción a la extracción de dinero en efectivo de los bancos denominada Corralito, dispuesta por el entonces
ministro de economía Domingo Cavallo. La protesta comenzó el 19 de diciembre de
2001 y causó la renuncia del presidente Fernando de la Rúa, dando paso a un
vacío de poder.
Y, fuimos testigos del transcurso de las
protestas, y que muchos fueron asesinados por las fuerzas policiales y de
seguridad, entre ellos menores de edad, en el marco de la represión ordenada
por el gobierno para contener las manifestaciones.
“El año que Racing salió campeón” plantea un
contraste entre el hecho histórico mencionado y el acontecimiento deportivo
como enunciado de la cotidianeidad. La trama se arma en base a anécdotas de
hechos rutinarios pero cargados de crítica política y social, al hacer uso de
la ironía y el humor como recurso de análisis de las conductas individuales y
de ciertos comportamientos de clase, a través del encuentro de dos seres que
recorren las calles con diferentes intereses y unidos por la necesidad mutua.
La
calle es el escenario básico por el que se desplazan permanentemente los
personajes principales: el Ciego quien representa a la clase media y el
Desempleado quien recorre los cajeros automáticos de la ciudad tratando de
recuperar sus ahorros en dólares; es un desocupado más a la deriva que aún no
se ha asumido como tal y que con falsas esperanzas intenta llegar a una
entrevista laboral en la que ha puesto sus expectativas.
Testigos
y protagonistas de la crisis, van transitando por las veredas, cruzando calles,
doblando en las esquinas imaginarias, sin escenografía, con la sola
ambientación de los sonidos del tránsito y las luces de los semáforos, a veces
con un predominio de luces rojas como imposibilidad de avanzar, amarillas que
anuncian un peligro inminente y con
alguna que otra luz verde a manera de aliento esperanzador. En las escenas II y
IV se incorpora el cajero automático, la máquina que ofrece “alivio
instantáneo” ante la avalancha del salvajismo que reinará en una ciudad
convulsionada por la desesperación.
Recordemos que el 4 de febrero de 2014 se iniciaron en la
ciudad de San Cristóbal, Venezuela, una serie de protestas contra el gobierno
de Nicolás Maduro y el 12 de febrero de 2014, la ciudad de Caracas se sumó a
las protestas convocadas y organizadas por los movimientos estudiantiles. Entre
las motivaciones alegadas por los manifestantes opositores figuran el
descontento ante la vulneración de los derechos civiles, la escasez
crónica de productos básicos, altos niveles de violencia delictiva, la
injerencia de Cuba en la política
de Venezuela, y la imposición de
estrictos controles de precios, que han ocasionado en el país la
inflación más alta del mundo. Estas protestas
desencadenadas en Venezuela, tan similares a la de Argentina, no causaron la
renuncia del presidente Nicolás Maduro, quien por el contrario radicalizó aún
más las medidas socio económicas de su gobierno.
Y, fuimos testigos del transcurso de las
protestas, y que muchos fueron asesinados por las fuerzas policiales y de
seguridad, entre ellos menores de edad, en el marco de la represión ordenada
por el gobierno para contener las manifestaciones.
Olga
Fuchs
Caracas, 15 de enero de 2016.
Autoría
de las fotos:
Jorge
Silva / Reuters
Carlos García Rawlins / Reuters
Facultad
de Filosofía y Letras Universidad Nacional de Tucumán, República Argentina.
Observatoriodeconflictos.org.ve
Diario1.com
Monitoreociudadano.org
miércoles, 23 de diciembre de 2015
¿Cómo avanzan los lobos?
¿Cómo
avanzan los lobos?
Los ancianos y
enfermos guían la manada, la que necesariamente anda a su ritmo y los enfermos
no son dejados atrás. Luego van los fuertes, luego el resto; detrás va el más
fuerte, el alfa, de ultimo, siguiendo el paso de los más débiles, en la
retaguardia, observando y protegiendo a toda la manada. Comprendemos así que el
líder, tiene una gran responsabilidad y eso no significa que debe ser un
protagonista.
Mi deseo para esta
Navidad y Año Nuevo 2016 es ¡Que todos nos cuidemos de esta forma!
How to move
the wolves?
The elderly and
sick lead the pack, which necessarily walk at their own pace and the sick are
not left behind. Then go strong, then the rest; Go back stronger, alpha, Last,
following the passage of the weakest in the rear, watching and protecting the
whole herd. And we understand that the leader has a great responsibility and it
does not mean it should be a problem.
My wish for this
Christmas and New Year 2016 is Let us take care of all this!
Wie die Wölfe zu bewegen?
Die
alten und kranken führen die Packung, die notwendigerweise in ihrem eigenen
Tempo und die Kranken gehen nicht zurückgelassen werden. Dann gehen Sie stark,
dann der Rest; Zurück stärker, alpha, Zuletzt, nach dem Durchgang der
Schwächsten in der hinteren, beobachten und schützen die ganze Herde. Und zu
verstehen, dass der Führer hat eine große Verantwortung, und es bedeutet nicht,
es sollte kein Problem sein.
Mein
Wunsch für dieses Weihnachten und Neujahr 2016 Wir kümmern uns um all dies!
Fotografía por Cesare Brai
sábado, 21 de noviembre de 2015
Teatro Romano de Málaga
El Teatro Romano de Málaga fue
una edificación promovida por el emperador César Augusto en la ciudad de Málaga,
denominada por aquel entonces Malaca, construida en el siglo I a. C., en el
período de la Hispania Romana, al pie del monte llamado Gibralfaro y junto a la
Alcazaba.
El centro de interpretación del Teatro Romano fue inaugurado en 2010, diseñado
por el arquitecto Antonio Tejedor. Se trata de un prisma cuadrangular de acero,
madera y cristal, en cuyas paredes externas se reproducen fragmentos de la Lex Flavia Malacitana, también conocida como Lex Malaca, un compendio de cinco tablas compuestas por estatutos
jurídicos que pautan el paso de la ciudad federada romana Malaca a municipio de
pleno derecho en el Imperio Romano. Este edifico sirve de introducción al mundo
romano en general y al teatro romano en particular por medio de audiovisuales y
piezas originales recuperadas en las excavaciones que se han realizado en el
monumento.
Este monumento cobra vida de tanto en tanto, con puestas en escena contemporáneas.
Y yo atino a decir: Gracias Roma.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Premiado el II Concurso Internacional de Escritura Creativa, mención dramaturgia.
Miguel Ángel
González, por Él país de los cuerdos, ha sido premiado en el II Concurso Internacional
de Escritura Creativa, mención dramaturgia.
El escritor
madrileño, que ha ganado más de cincuenta premios en diversos géneros
literarios, estuvo en Salamanca para recibir el galardón por su obra teatral
“Él país de los cuerdos”.
En el acto,
celebrado en el Colegio Mayor Fonseca de la Universidad de Salamanca, González el día 12 de noviembre de 2015, estuvo acompañado por Pilar Fernández Labrador de la Fundación Salamanca Ciudad
de Cultura y Saberes, por los profesores Miguel Elías, María Ángeles Pérez
López, Eva Guerrero y Alfredo Pérez Alencart, por el periodista Luis Miguel De
Pablos de El Norte de Castilla y por los venezolanos Olga Fuchs y Miguel Ángel
Maturén, representantes de ASOCIEC.
Se ha elegido
Salamanca como lugar de entrega del premio por constituir esta ciudad un
epicentro indiscutible de la cultura iberoamericana y también para continuar
con el debido reconocimiento a Alfredo Pérez Alencart como excelente propulsor
de la unión entre poetas de diversas nacionalidades.
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