Espacio para la escritura creativa, la que defiende y busca conscientemente valores estéticos en el uso del lenguaje, independientemente del género en el cual se enmarque. Espacio destinado a la difusión de la correcta escritura del idioma español.
domingo, 2 de noviembre de 2014
domingo, 12 de octubre de 2014
domingo, 21 de septiembre de 2014
GASTÓN BAQUERO: LA POÉTICA DEL MESTIZAJE, DE ENRIQUE VILORIA. POR JOAQUÍN MARTA SOSA
Crear en Salamanca se complace en publicar este escrito de Joaquín Marta
Sosa, poeta y académico venezolano, que aparecerá como prólogo del libro
“Gastón Baquero: poética del Mestizaje” (centro de Estudios Ibéricos y
Americanos), cuyo autor es el reconocido ensayista Enrique Viloria Vera,
profesor de la Universidad Metropolitana de Caracas. Dicho libro se presentará
dentro del XVII Encuentro de Poetas Iberoamericanos, a celebrarse en Salamanca
entre el 15 y 17 de octubre.
Alencart y Baquero en Salamanca, 1994
Los Ojos No Son
Para Cerrarlos
Los Ojos No Son Para Cerrarlos. Estamos en el año centenario del
nacimiento de Gastón Baquero (Cuba 1914-España 1997), al principio un autor
secretísimo, que cultivaba su propio ocultamiento y marginación, pero que, a
pesar de esto, paulatinamente comenzó a ser considerado como uno de los poetas
cumbre de nuestra lengua y de cualquier otra, además de articulista fértil y
ensayista de primera.
De allí la importancia y el interés de este ensayo de Enrique Viloria
Vera, convertido en libro bajo el titulo, apropiadísimo de Gastón Baquero: la
poética del mestizaje, en cuyo contenido, de manera meticulosa, paciente, se va
siguiendo el rastro esencial del poeta, las raíces y el sentido de su voz y el
originalísimo y plural mestizaje que ella portó de manera constante. Aquí se
recorre, primordial- mente desde la inmersión en su poesía, los temas de la
infancia, la naturaleza, la música y la danza, la ancestralidad africana, el
rango mestizo del nuevo americano, la presencia infinita del amor y la
españolidad donde se recobró como poeta, temas que este libro interpreta más
como espacios de significación que como crónica biográfica.
No es en vano ningún libro sobre Gastón Baquero, cubano tempranamente
exiliado por el castrismo, copatrocinador de las mejores revistas literarias de
su país, entre ella la mítica Orígenes, amigo y socio literario del gran Lezama
Lima, redescubierto y reivindicado luego de su muerte por las nuevas
generaciones de poetas cubanos, y cada vez más legítimamente reconocido como
una voz que no puede permanecer en los márgenes, que debe ocupar y ocupa un
lugar central en la historia de la poesía contemporánea.
Poeta y humanista, conservador y distante en política y ferozmente
defensor de la libertad, resistente al totalitarismo gubernamental; liberal, en
el más abierto significado que este término puede tener, para aproximarse y
ejercer la convivencia social entre los diversos, la tarea cultural abierta y
pluralista, al punto de que este hombre, anticomunista incondicional, no
vacilaba en subrayar las cualidades de poetas como Pablo Neruda, mientras que
él, por el contrario, era sometido al silencio, borrado, apartado como si se
tratase de un infectado espiritual y moral. Siempre ocurre así con las
“revoluciones” y los “izquierdismos”, qué lamentable, y de allí una parte
crucial del camino trágico de la vida de este enorme creador.
En ocasiones, estos seres que intentan esconderse en el vientre de una
existencia que pretenden anodina, que ellos mismos enuncian como si fuese así,
y cultivan una suerte de humildad cuya raíz es la fuerte timidez ante un mundo
que en cualquiera de sus giros no duda en desterrarlos de la que hasta ese
momento fue una vida intensa, acomodada, intelectualmente rica y brillante.
Esto condujo a que la experiencia de Baquero fuese la de quienes no pueden más
que sufrir y entender en carne propia la fugacidad de las vanidades, la
precariedad del vivir holgado, la grisura del destierro y la larga noche de los
tachados de la historia, de los estigmatizados por no condescender con los
poderes autocráticos.
De allí la importancia, y más en estos tiempos, del análisis
pormenorizado que logra consumarse en este libro de Enrique Viloria Vera, donde
se yergue en toda la vasta dimensión el valor de la poética de Baquero, y, lo
más importante, de la vida que subyace en ella, así como del humanista sin
reticencias, su primordial alimento, cuyos valores permanecieron
inquebrantables frente al poder que se pretende omnímodo, señor de vidas,
mentes y corazones. Gastón Baquero jamás renunció ni a su vida libre, ni a su mente
soberana ni a su corazón humano, ya fuese en sus años de confort o en su larga
época de penurias.
Raro caso, este de Gastón Baquero, el de un poeta egregio afirmado en una
conducta existencial irreprochable. El hombre que fue Gastón y el poeta que fue
Baquero jamás rehuyeron, y en ello estriba su unidad absoluta, mantenerse “con
los ojos como para no cerrarlos nunca” cuando la tentación es la de cerrarlos
siempre.
miércoles, 27 de agosto de 2014
jueves, 14 de agosto de 2014
“Marquesa de chocolate a dos tiempos o de cómo cocinar cuentos de amores”.
“Marquesa de chocolate a dos tiempos
o de cómo cocinar cuentos de amores”.
Primer tiempo
Para la preparación del pudin,
coloqué en una olla de poca profundidad 1 taza de leche descremada y calenté el
líquido a fuego lento, agregué 1 yema de huevo y agité la mezcla con vigor para cocinar la yema,
añadí 1 tableta de chocolate de taza “La India” cortada en trozos pequeños y
agité con una paleta de madera para impedir que se quemara o apelmazara la
preparación. Al momento de que el chocolate estuvo fundido por completo puse 1
cucharada de ron y 1 cucharadita de esencia de vainilla.
Mezclé 1 cucharada de “Maizina
Americana” en media de leche descremada líquida y añadí a la mezcla anterior,
manteniendo todo a fuego lento por dos minutos. No me gusta mucho lo dulce, así
que agregué sólo media cucharada de azúcar.
En un envase apto para la
refrigeración, vertí una primera capa del pudin y cubrí esa capa con una
primera hilera de galletas “María” que debían estar humedecidas previamente en
poca leche. Repetí ese procedimiento
hasta que se acabaron los dos paquetes de
las galletas y el pudin. Traté de terminar la torta con pudin, es decir,
administrar los materiales.
Guardé la marquesa en la nevera
durante una hora.
Segundo tiempo
Probé con ansias mi marquesa de
chocolate, el pudin estaba perfecto, pero olvidé humedecer las galletas “María”
y la torta quedó muy seca. ¿Cómo resolver ese olvido? Decidí hacer más pudin
con la esperanza de que las galletas se suavizaran, pero no tenía más chocolate
de taza “La India”, así que repetí el procedimiento completo de la confección
del pudin pero con una tableta grande de chocolate de leche “Savoy”, no añadí
azúcar, pero sí más ron y vainilla.
Cambié toda la preparación a otro
envase y agregué el nuevo pudin, de un marrón más claro y menos untuoso que el anterior, el que, adherido
absolutamente a las “Marías” primigenias, no permitió (muy antipáticamente) que
borraran su huella, aunque sí tuvo que soportar ser confinado por una oleada de
renovadores vigores.
Resultado: una marquesa de
chocolate a dos tiempos y a dos tonalidades de marrón, de extraño aspecto, pero
de extraordinario e inusual sabor y que remeda a unas segundas nupcias.
Un dulzor que se enfría en el
tiempo y se recompone con uno nuevo o con lo que se tenga.
La clave está en tener ron a la
mano y en suficiente cantidad. Siempre.
domingo, 10 de agosto de 2014
Intervenciones ofrecidas en la Feria Internacional del Libro de Lima, 2014.
Alfredo Pérez Alencart es el
poeta peruano de mayor difusión en el siglo XXI. Su obra está traducida a más
de veinte idiomas y en 2005 fue elegido miembro de la Academia Castellana y
Leonesa de la Poesía.
“Memorias de Tierraverde” es su
poemario décimo cuarto y el primero en ser publicado en Perú por Lancom
Ediciones.
miércoles, 28 de mayo de 2014
SINGLE MALT EN VASO CORTO CON DOS PIEDRAS DE HIELO por Olga Fuchs
*
Mi
amiga tiene la profesión más dulce y más amarga a la vez. La más etérea y la
más concreta. Su profesión ata la ficción a la realidad y hace de la realidad
una frágil firmeza. Ella teje filigranas de emociones y decepciones, de
ilusiones y de bajezas, de muertes y alumbramientos, de sueños y de razones, de
encantos y de horrores, de pócimas y de antídotos.
Conjuga
la belleza y el horror, la palabra y el vacío, la realidad y los abismos que se
modelan en el sueño a las tres de la madrugada, el miedo y su sombra luminosa.
Ella
es escritora.
El
sábado muy temprano en la mañana nos reunimos en su casa. Vive en un hermoso
apartamento de Los Naranjos. Allí me recibió e invitó a tomar té acompañado de scons salados, bizcochuelo y mermeladas
caseras.
Ella desayunó single malt en vaso corto con dos
piedras de hielo.
Es
una mujer encantadora y culta en lo alto de la ciudad.
Encantadora.
Era
extrañó verla sola, pero la ansiedad me consumía y le confesé mis penurias, sin
preguntar sobre su vida o cómo estaba. Escuchó los horrores de mi dolor, de mi
despecho.
Se
sirvió un tercer trago y detuvo mi larga declaración de tormentos. Trató de
consolarme contándome un relato.
**
Mi
primera novela fue un gran éxito. Nadé sobre emociones deliciosas, me sentí
como la luz que flota sobre la marea y logra que brille el mejor de los azules.
Que mis palabras fascinaran era un magnífico delirium tremens. Sí, no te extrañes, disfruto mis delirios tremens, no sé porqué, pero los
disfruto intensamente, como disfruto mis palabras. Ellas son mis tesoros. Mis
palabras, sí, mis palabras. Mis palabras también fascinaron a mi editora y
correctora. Ella me amó desde la primera frase. Así me lo dijo de todas las
formas posibles en que una persona puede decirle a otra que le fascina. Lo
acepté. Y me perdí en laberintos de brisas. Me enamoré.
Fluyeron
los días, los meses, el tiempo, el amor y volví a mis placeres acompañados del
adorado single malt vintage reserve 1976. El single
malt, mi single malt rezumó en
mí.
Ella
fluyó en mí, también, sin cesar, cada vez más. Severa, sutil y sostenidamente. Me sugirió, que incluyera
versos en mis escritos. Dudé en principio porque no soy poeta, y siento mucho
respeto por la poesía. “La poesía es placer, aunque nos hable de dolor, y el
placer se sobrepone a todo. Es imprescindible disfrutar con júbilo la
existencia”, sentenciaba.
Al
fin acepté la idea, y mis escritos se abrieron a poetas, a más dolores y
placeres. Acordamos insertar variados poemas
como este de Gonzalo Rojas:
Hartazgo y orgasmo son dos pétalos en español
de un mismo lirio tronchado
cuando piel y vértebras, olfato y frenesí
tristemente tiritan
en su blancura última, dos pétalos de nieve
y lava, dos espléndidos cuerpos deseosos
y cautelosos, asustados por el asombro,
ligeramente heridos
en la luz sanguinaria de los desnudos:
un volcán
que empieza lentamente a hundirse.
Así el amor en el flujo espontáneo de
unas venas
encendidas por el hambre de no morir,
así la muerte:
la eternidad así del beso, el instante
concupiscente, la puerta de los locos,
así el así de todo después del paraíso:
–Dios,
ábrenos de una vez.
Así,
las sugerencias pasaron a más seducciones y las seducciones a posesiones. La
complací y me complací. Muchas veces. Sobre el escritorio, sobre el mesón,
sobre la alfombra persa. Pero, las delicias no son eternas:
Comenzó
a escribir por mí.
Paulatinamente
dejé que lo hiciera. Debilidad. En mi última novela ella objetó la palabra
"embriaguez", sugirió que la cambiara por "borrachera". “Embriaguez
es una palabra en desuso", dijo. "Está fuera de moda".
Los
ebrios nunca pasan de moda. Cambian de marca, de elixir, de amores, de motivos
ocultos a explícitos. Cambian de poemas. Cambian de piel. Cambian de jugos o de
venenos. Se adaptan. Mutan.
Ahora la embriaguez puede
alcanzar una sinonimia terrible: indolencia infinita, envidias y bilis, protestas,
gases verdes, inseguridad, estulticia, codicia, sed de poder, ruinas de
hogares, violencias, violaciones, decadencias, nacionalidades en bancarrota, rizos
de luto, smog, colas, tecnología de
punta, amores muertos, ideales rotos, vejámenes, censura, hordas de parásitos,
triunfos de la mediocridad y rumores de juicios.
A muchos les gusta
emborracharse de sangre, sobretodo de sangre joven, derramar sangre joven, o emborracharse
de lágrimas; emborracharse con el llanto ajeno.
Cambié, a su gusto las
letras, las palabras y las oraciones; no así lo que era ya mi propia embriaguez:
un viaje en un espectro cromático amplio, del
ocre claro al ámbar dorado oscuro, en barricas de bourbon y en barricas de
sherry.
Un viaje lento para apreciar aromas y para que el bouquet de la
malta respire y haga posibles maridajes con alimentos o tabaco.
Un gozo del gusto, del olfato y la sensibilidad que se expande en momentos
especiales. Doy rienda suelta a todos mis sentidos, agitados suavemente en whisky, sorbito a sorbito.
Comencé a presentar los
signos del padecer. Ella como una serpiente venenosa, se arrastró en mí, un
frío salto de agua en mi interior, letal.
Me arañaban las púas de sus miradas reprobatorias, sus escamas de papel
aluminio semejaban zarpas de dragones iracundos.
Me reclamaba que era
inapropiado asistir a las presentaciones literarias y a los cócteles vestida sólo con vapores etílicos:
―Te refugias en el
alcohol.
―No, no es un refugio ni
un destino. Es el pórtico de paso, la entrada grande a la ficción. Un rito ― repuse.
En medio de esas ráfagas
de furias yo me sonreía en silencio y recordaba la frase usada hace poco tiempo por un grupo
jóvenes: “Me quiero ir demasiado”.
Sí, me quería ir de su
lado, pero no me iba. Mi voluntad estaba disuelta en Amargo de Angostura, ron y cascaritas de limón. Traté de defenderme una
que otra vez:
―Yo sólo me embriago con
los libros ¡Me los bebo!
Se
exasperó. Me expresó desesperación. No concebía que no me doblegara a su idea
de mí, a su dibujo de mí, en todos los detalles que imaginó para mí. Mí, mí, mí
era la fonación que retumbaba en mi cerebro. En medio de mis evocaciones a
Ionesco, intenté asirme a mí.
Fueron
semanas enteras de iras, luchas, furores y cóleras.
Dejó
un mensaje por celular. Un ultimátum.
***
Mi
amiga no habló más. Sólo la Strathspey,
la “Glen Grant” del violín escocés de Scott Skinner y el malt whisky, invadieron el ambiente por
largo rato.
Respeté
su silencio, esperé un tanto más y le pregunté:
―
¿Cuál era la exigencia?
―
Que renunciara a embriagarme. Si no le obedecía, me abandonaría, me repudiaría,
o algo así.
―
¿Y qué le respondiste?― repregunté.
―
Sin whisky no puedo escribir y si no
escribo, no puedo respirar.
Sonreímos
cómplices y me dijo:
―
Regresa cuando quieras. Y recuerda: Escoger pareja es
como elegir el vaso adecuado para una degustación especial, para disfrutarnos.
Forma y tamaños cambian el modo de percibir las sensaciones, los sabores que
somos, los aromas y colores que somos.
Nos despedimos con un fuerte abrazo. Me acompañó a mi vehículo.
Conduje hasta la avenida y pensé en los quebradizos puentes que unen las vidas.
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